Retrato de una obsesión (maldita IA)

En el aeropuerto de Singapur, el 31 de enero de 2026


Tu escala en Singapur es muy corta, apenas tres horas. Pero no te perderías por nada del mundo un buen plato de cheung fun del puestecito de Chef Wei. Si en algún momento te encuentras varado en este aeropuerto, corre a la Terminal 2, zona de salidas, segunda planta, y busca este lugar. El cheung fun parece un pañal medio cagado, pero está delicioso. Y ni siquiera es caro. Son tres euros de seda pura. En cierto modo, es Asia dándote la bienvenida una vez más. 



Aquí estás. A las tantas de la madrugada. Peleándote con los palillos delante de tu plato de cheung fun


Y un poco jodido. 


No importa cuán impecable sea el mármol ni cuán sincronizadas estén las fuentes de los jardines verticales con la música ambiental de este deslumbrante aeropuerto: tú estás atrapado. Porque lo hiciste, joder. Pegaste la puta descripción de Nana en la IA como un náufrago desesperado que lanza una botella al mar y la IA -maldita sea su eficiencia binaria- te devolvió el rostro exacto. Ese rostro. Nana, en carne digital. Nana, con su pelo lacio y moreno dibujando la curva exacta donde la locura empieza a parecerse a la ternura. Nana, con esos ojos de luna rota que no buscan nada, porque ya lo han perdido todo.


La puñetera foto es esta:



Absoluta e insultantemente perfecta. Como para provocarte una pequeña obsesión. 


Te pasaste dos meses en Bangkok y todo se presentó ante ti como un aluvión vomitado a gritos por las musas. El runrún de los mercados, el sexo barato impregnado de jazz tailandés y sudor de farang, los callejones húmedos y el sabor inconfundible de la ensalada de papaya verde. Te faltó la foto de la portada. Y ahora estás aquí, regresando a Tailandia como quien regresa a un crimen sin resolver. Porque te faltó la foto. El instante robado donde todo se vuelve icono. 

El problema, claro, es que la imagen ya existe. Una imagen que no tomaste tú. Que no te dolió en los pies ni en los pulmones. Que no brotó del zumbido de los cables eléctricos sobre Silom ni de los vendedores de pad kra pao que no te entienden pero te sonríen con dientes rojos de betel.


Y ahora... ¿cómo coño vas a competir con la perfección estática de la máquina? ¿Vas a lograr superar esa imagen fantasma?

Pero vas a intentarlo. Porque el plan nunca fue sentarse a escribir realismo mágico en un prompt. Tú viniste a sudar en los callejones. A aturdirte con el parpadeo de los neones.


A perseguir a Nana aunque Bangkok te devore entero.

Publicado: 02/03/2026 08:29